Con motivo de este acto de despedida a cuatro meritorios miembros de la misión diplomática de los Estados Unidos de América en nuestro país, quiero expresar dos satisfacciones.
La primera es la satisfacción de haberlos conocido y haberlos tenido como interlocutores en las relaciones que existen entre nuestras naciones.
La segunda es la satisfacción de reconocer en ellos a profesionales distinguidos, todos los cuales, durante el cumplimiento de sus responsabilidades, proyectaron entre nosotros la mejor imagen de su país.
Por eso, mis primeras palabras son para agradecer a Christopher Lambert, a Alexander Margulies, a James Watson y a Robert Jones la positiva labor que cumplieron aquí, y desearles el mayor éxito en el desempeño de sus nuevas responsabilidades.
Queridos amigos: en el mundo del presente, con la interdependencia creada por la globalización, las relaciones entre las naciones están cada vez más caracterizadas por una multiplicidad de contactos.
En el caso de nuestros países, esa situación es palmariamente evidente. Y la palabra que mejor la define es la de la comunidad de intereses, la de partnership.
Los Estados Unidos de América es nuestro principal socio.
Nuestro principal socio en el intercambio comercial, en el desarrollo y en la cooperación.
Nuestro principal socio en materia de seguridad y en el área migratoria.
Nuestro principal socio tecnológico y en las telecomunicaciones.
Los Estados Unidos de América y la República Dominicana están asociados en las inversiones privadas directas y en el turismo, la industria de mayor peso en nuestra economía.
Y, al mismo tiempo, nuestro país comparte con los Estados Unidos de América cruciales intereses en la arena internacional, como los de los valores democráticos y la conducción de nuestras políticas exteriores con estricto respeto a los lineamientos de la ley internacional, tal y como aparecen consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, la Carta de la Organización de los Estados Americanos y la Carta Democrática Interamericana.
Como lógica derivación de ese perfil, nuestras relaciones diplomáticas son vastas y de una gran complejidad.
Esto implica que tenemos que lidiar en el día a día con la multiplicidad de circunstancias que se corresponden con esa importante relación.
Ahí están las razones por las que acepté, complacido, la invitación para hablar en este acto.
Porque me pareció una buena oportunidad para expresar nuestro aprecio a los funcionarios que se marchan, por haberse mostrado siempre comprensivos y cooperadores, y especialmente informativos sobre los aspectos específicos de nuestras relaciones que tuvieron a su cargo.
Quisiera que se me permitiera decir algunas palabras de reconocimiento personal a Chris Lambert, con quien nuestros contactos fueron más frecuentes, por su condición de segundo al mando en la misión y por haberse desempeñado por un largo período como Encargado de Negocios.
Chris cumplió satisfactoriamente con las que yo considero particulares exigencias de la profesión diplomática. Como Canciller de la República Dominicana le agradezco la dedicación que puso para conciliar diferencias, para escuchar y para buscar caminos que nos condujeran a estrechar los lazos de amistad y de cooperación entre nuestros países, y para continuar desarrollando las relaciones armoniosas.
Reconocemos la buena fé con la que se condujo en las ocasiones en que tuvimos que tratar asuntos controversiales, en los que nuestros gobiernos sostenían puntos de vista diferentes o tenían interpretaciones divergentes.
El de los diplomáticos es un rol múltiple, que exige, al mismo tiempo, delicadeza, prudencia y flexibilidad. Ustedes, en el tiempo de su ejercicio en nuestro país, mostraron que la experiencia con la que llegaron había sido muy bien aprovechada.
Por eso se ganaron nuestro respeto.
Ahora, al reiterarles nuestro aprecio y agradecerles lo que hicieron en beneficio de las relaciones entre nuestros países, sólo me resta expresar nuestra esperanza porque quienes los sustituyan sean de su mismo calibre.
Muchas felicidades, muchos éxitos, y muchas gracias.